Carrerita de martes 27 de octubre.
Carrerita de viernes 30 de octubre (cancelada por lluvia).

Ya a un poco más de una semana para el Medio Maratón San Carlos-Guaymas, ya en actividades de mantenimiento; se supone que esta semana correría 18 km: 8 el martes y 10 hoy, viernes. Pero amaneció Guaymas con una torrencial lluvia, así que la cancelé. Pero ha sido un buen entrenamiento: bastantes carreras y siempre buscando mantener entre 132 y 142 pulsaciones por minuto, sin importar el ritmo. Todo un cambio de filosofía en mi forma de prepararme para el medio maratón. Me siento listo para el 8 de noviembre.
La semana pasada divagué sobre los artrópodos, pero estos no son los únicos invertebrados que usan herramientas; en lo poco que corrí esta semana divagué sobre el caso de los moluscos, en los cefalópodos hay varios ejemplos de uso de herramientas.
Un grupo de cefalópodos del golfo de California son los «calamares enanos» de la familia Sepiolidae, y tenemos un ejemplo de uno de ellos que usa herramientas: se trata del chopo o calamar rechoncho (Rossia pacifica), y la herramienta que usa es el agua; más precisamente, agua a presión.
Los cefalópodos cuentan con un sifón o embudo que utilizan como un sistema de propulsión a chorro. Lanzan poderosos chorros de agua con los que se impulsan en la dirección contraria. Pero en el chopo este sifón opera como una tobera con una flexibilidad tridimensional asombrosa. El embudo no es rígido: puede alargarse, retraerse y dirigirse en prácticamente cualquier ángulo, bajo la corona de brazos o hacia los lados. En el medio acuático, una masa de fluido proyectada a presión puede actuar con la misma contundencia que un raspador. El chopo puede calibrar el volumen de agua y, variando el orificio de salida de la tobera, variar la presión con la que se expulsa el agua. De esta forma puede generar un chorro turbulento puntual de alta velocidad. Estos chorros a presión los utiliza para dos funciones principales.
La primera es esconderse. Para lograr esto se requiere de cuatro fases motoras secuenciales. Primero es el asentamiento: el chopo se posa en el fondo arenoso, replegando sus aletas laterales. En la segunda orienta el embudo hacia abajo y ligeramente hacia adelante, incrustándolo ligeramente en la superficie del sedimento; hecho esto, descarga un chorro de alta presión, desalojando la arena debajo de su cuerpo y formando una fosa cóncava a su medida en segundos. En la tercera, mientras se acomoda en la cavidad, desvía la tobera hacia los lados para suspender una densa capa de sedimento en el agua adyacente. Mientras los granos de arena caen por gravedad, el chopo usa sus membranas interbraquiales y sus brazos como rastrillos para extender la arena sobre su cuerpo; con la tobera hace pequeñas descargas laterales para despejar los ojos. Al final de estos pasos el chopo literalmente desaparece bajo una capa de arena. Con esto está listo para emboscar a pequeños crustáceos y para ocultarse de los depredadores.
Pero el uso de agua también es un gran instrumento para cazar a sus presas: anfípodos, poliquetos o camarones misidáceos enterrados en la arena. Al detectar perturbaciones químicas o mecánicas en el fondo arenoso, el chopo dirige la tobera en un ángulo oblicuo hacia la arena. El chorro de agua descubre a su presa proyectando sus dos tentáculos retráctiles para atraparla.
El chopo no es el único cefalópodo que tiene este control sobre el sifón para usarlo de tobera; se han observado pulpos —entre ellos el pulpo de dos manchas (Octopus bimaculatus), que tiene un embudo más largo— usar chorros de agua para desalojar detritos pesados de la guarida y, también, para repulsión agonística.
Pero aprovechemos que estoy hablando del pulpo de dos manchas para pasar al uso de otras herramientas por cefalópodos. En el golfo de California, a este pulpo y al pulpo verde (Octopus hubbsorum) se les ha observado acarrear guijarros, conchas de bivalvos y fragmentos calcáreos seleccionados para apilarlos deliberadamente en la entrada de su guarida. Esto es importante: al ser animales de aguas someras de cuerpo blando, son presas muy buscadas por morenas, meros y tiburones. Así que tener una guarida segura es algo fundamental y, por ello, estos pulpos se comportan como verdaderos ingenieros para fortificar su guarida.
Cuando encuentra algún hueco con potencial de ser una buena guarida, el pulpo primero lo limpia con sus brazos, sacando grava y sedimentos. Para esto también se ayuda con chorros de su sifón para expulsar la arena.
Terminada la fase de limpieza, el pulpo hace incursiones en los alrededores para buscar los materiales adecuados. Evalúa la rigidez, forma y tamaño de los objetos. Aprovecha conchas vacías de bivalvos y caracoles. En especial les gustan las conchas de bivalvos, ya que se pueden acomodar unas dentro de otras. Pero también usan piedras planas o angulares; además, en lugares con impacto humano les gusta mucho usar basura humana rígida, como botellas de vidrio o fondos de botellas.
Estos materiales los usan para mejorar la seguridad de la guarida. Lo primero es reducir el tamaño de la entrada al mínimo necesario para que pueda pasar con su cuerpo elástico y flexible; sus predadores tienen estructuras rígidas que no pueden pasar por espacios tan limitados como por los que puede pasar un pulpo. La entrada no se sella: se debe permitir el flujo de agua para que el pulpo pueda tener oxigenación.
Pero ya que disminuyen el tamaño de la entrada, construyen un muro exterior apilando las piedras, conchas y basura humana que seleccionaron, formando una repisa ligeramente elevada. No es raro que dejen un pequeño espacio entre los objetos del muro, por el cual se asoman con sus ojos para vigilar el exterior.
Pero, sin duda, el ejemplo más conocido de uso de herramientas por un pulpo no es de uno residente del golfo de California; se trata del pulpo de venas (Amphioctopus marginatus) —bueno, así le decían antes; desde que se descubrió su uso de herramientas, ahora todo mundo lo conoce como el pulpo cocotero—.
Ya vimos que para los pulpos de aguas someras es fundamental tener una guarida segura, ¿pero qué pasa si el ambiente donde se desarrolla el pulpo no ofrece esas guaridas?
El pulpo cocotero habita en aguas someras arenosas desprovistas de rocas o arrecifes con las grietas adecuadas para refugios. El pulpo cocotero debe buscar alguna forma de tener un refugio, al menos una herramienta defensiva portátil. Para ello, el pulpo busca cáscaras de cocos arrojadas por humanos o grandes conchas de moluscos bivalvos. Al encontrarlas, remueve la arena con sus brazos y ventosas. Luego, con su sifón, produce un chorro de agua para limpiar su interior. El pulpo busca que sean dos piezas que coincidan en tamaño y contorno para tener un refugio completo; cuando las halla las traslada, una dentro de la otra, optimizando su tamaño y colocándolas bajo su cuerpo. Para esto debe cambiar su patrón de locomoción normal, ya que usará su membrana interbraquial y la base de sus brazos para retener las dos piezas, dejando libres solo dos brazos que usa como piernas o zancos para avanzar por el lecho marino en un caminar lento y, en apariencia, torpe. Esto puede parecer algo ineficiente, pero en el momento que siente que hay algún peligro, inmediatamente utiliza las dos piezas como un refugio impenetrable por sus depredadores.
Aquí lo importante no es solo que haga uso de objetos externos como herramientas defensivas, como refugio, sino que los transporte, con lo que muestra capacidad de planeación: prever que en algún momento los va a utilizar.
Bueno, con los ejemplos que hemos revisado queda claro que el uso de herramientas no es exclusivo de los seres humanos; más bien, es algo bastante extendido.
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